El sexo ajeno es símbolo
de amor
de libertad,
de cárcel
hasta de tumba.
Mujeres para tu salvación,
parejas para la perdición
de tu alma.
Unas consiguen cambiar
sus caras de máscaras
a rostros de sueño.
Pero otras solo hacen
de sus rostros artísticos
unas máscaras deleznables
de la sierra
del quinto pino mundial.
Odio al sexo
que atenta contra
el buen gusto.
Labios pintados exageradamente
en perjuicio de su propia boca;
manchas de color de muerto.
Prefiero ver estas
lindas piernas cóncavas
por los aires,
atractivos culos globulosos
dando piruetas
al son de una música mecedora
de húmedas crestas
desgranada por mi látigo
para sumir al propio Santo Cielo
en el éxtasis embriagador más profundo.
Ancho pecho bronceado,
esbeltas caderas,
música arrebatadora
de unos párpados majestuosos,
gozosa excitación,
extrema exclamación de júbilo
de mi ser todo.
Guerrero precavido soy
con contemplaciones olorosas
y disparos de flecha mortal
al corazón más impenetrable
sin gatillazos.
Arrebato inevitablemente vertiginoso
con sonidos de tiburón,
fuerza de tempestades
y estallidos de volcán
en la selva de mi placer,
el cielo de exquisito amor,
la simultaneidad de canto de mis sentimientos
y entero brillo de mi Felicidad.